Declaración

Dejemos de tratar la atención de la salud sexual y reproductiva como algo menos que esencial

12 Diciembre 2020
 
Declaración de la Directora Ejecutiva del UNFPA, Dra. Natalia Kanem
Día Internacional de la Cobertura Sanitaria Universal
 
Cuando la cobertura sanitaria universal se convirtió en un objetivo mundial acordado hace solo cinco años, supuso un gran avance. Es una visión de cuidado y compasión unos por otros, en la enfermedad y en la salud. La pandemia de COVID-19 revela cuán vital es que hagamos realidad esa visión. Ninguno de nosotros está a salvo hasta que todos estemos a salvo.
Universal significa que todas las personas en todas partes tienen acceso a una atención de calidad que sea asequible, aceptable y que se brinde con respeto por la dignidad y los derechos de cada persona. Esto significa la cobertura de todos los servicios esenciales, incluidos los servicios de salud sexual y reproductiva a lo largo de la vida.
Las mujeres, los hombres, las y los adolescentes necesitan estos servicios a lo largo de su vida, ya sea para tener la información y el asesoramiento necesarios para la salud y el bienestar sexual, elegir y acceder a la anticoncepción, pasar por el embarazo y el parto de manera segura o protegerse de infecciones de transmisión sexual, incluido el VIH, o cánceres reproductivos.
La prestación de estos servicios es parte integral de los derechos humanos que todas las sociedades deben defender. Los servicios de salud sexual y reproductiva salvan vidas y permiten que las personas y las comunidades prosperen.
Hoy, en el Día Internacional de la Cobertura Sanitaria Universal, sabemos que no todas las personas tienen acceso a la atención de salud sexual y reproductiva que necesitan. Esto puede deberse al costo de los servicios, al lugar en donde viven o a sistemas de salud débiles. Puede deberse a que temen ser discriminados por su edad u orientación sexual, o porque carecen del poder para tomar sus propias decisiones sobre la atención médica y la anticoncepción. Estas brechas construyen y fortalecen la exclusión y la vulnerabilidad, por lo que deben ser las primeras en abordarse en la lucha por la universalidad.
La urgencia de hacerlo ha sido dolorosamente iluminado por COVID-19. En los primeros meses de la pandemia, el UNFPA calculó que las interrupciones en el acceso a la atención de la salud sexual y reproductiva y a métodos anticonceptivos pueden haber provocado hasta 7 millones de embarazos no deseados.
La angustia económica derivada de la pandemia está restringiendo los recursos e imponiendo una presión adicional, especialmente en los servicios para las mujeres y las personas jóvenes cuya atención, incluso antes de la pandemia, a menudo era de baja calidad, con una financiación muy insuficiente y con frecuencia pasada por alto.
Debemos reconocer estos desafíos, no tratarlos como una excusa para posponer nuestros compromisos. No es el momento de dar marcha atrás en la cobertura sanitaria universal con la atención sexual y reproductiva en el centro.
La cobertura sanitaria universal hace que nuestras sociedades sean más resilientes. Una buena salud, en todas sus dimensiones, sustenta todos los aspectos de la vida humana, las comunidades y las economías. Es más importante que nunca que sigamos acercándonos al logro de ese objetivo.